El hombre es un auriga que conduce un carro tirado por dos briosos caballos: el placer y el deber. El arte del auriga consiste en templar la fogosidad del corcel negro (placer) y acompasarlo con el blanco (deber) para correr sin perder el equilibrio.
No hay hombre tan cobarde a quien el amor no haga valiente y transforme en héroe.
La filosofía es un silencioso diálogo del alma consigo misma en torno al ser.
Todo lo que nace proviene necesariamente de una causa; pues sin causa nada puede tener origen.
Todo lo que se llama estudiar y aprender no es otra cosa que recordar.
Es necesario diferenciar las cosas: lo que siempre existe sin haber nacido, y lo que siempre está comenzando sin jamás llegar a ser.
Si bien buscas, encontrarás.
Así como los ojos están formados para la astronomía, los oídos lo están para percibir los movimientos de la armonía.