La civilización no dura porque a los hombres sólo les interesan los resultados de la misma: los anestésicos, los automóviles, la radio. Pero nada de lo que da la civilización es el fruto natural de un árbol endémico. Todo es resultado de un esfuerzo. Sólo se aguanta una civilización si muchos aportan su colaboración al esfuerzo. Si todos prefieren gozar el fruto, la civilización se hunde.
Los hombres no viven juntos porque sí, sino para acometer juntos grandes empresas.
Lo menos que podemos hacer, en servicio de algo, es comprenderlo.
La historia del toreo está ligada a la de España, tanto que sin conocer la primera, resultará imposible comprender la segunda.
Evitemos, pues, el suplantar con “nuestro mundo” el de los demás.
Mientras el tigre no puede dejar de ser tigre, no puede destigrarse, el hombre vive en riesgo permanente de deshumanizarse.
El malvado descansa algunas veces; el necio jamás.
El mayor crimen está ahora, no en los que matan, sino en los que no matan pero dejan matar.
La ciencia consiste en sustituir el saber que parecía seguro por una teoría, o sea, por algo problemático.
Para el escritor hay una cuestión de honor intelectual en no escribir nada susceptible de prueba, sin poseer antes ésta.
Un historiador es un profeta al revés.
¿Qué perfección es ésta que complace y no subyuga, que admira y no arrastra?